Según el psiquatra Enrique Rojas, "durante el verano las relaciones familiares se hacen más cercanas e intensas. Por eso las disfrutamos más y también, hay posibilidad de roces y atranques. "En nuestro caso esto se agudiza porque llevamos 15 años viviendo a 600 Km de nuestras respectivas familias. Hemos creado una nueva familia a nuestro "estilo" y estamos acostumbrados a marcar nuestros ritmos, salir adelante sin ayudas y vivir independientes de las cuestiones domésticas cotidianas de suegros, cuñados y sobrinos. Y en vacaciones pasamos tiempo con nuestras respectivas familias.
"Convivencia es tolerancia y respeto del espacio del otro. Es el arte de hacer la vida fácil, sorteando con garbo las dificultades del trato."
Rojas da 4 estrategias personales, con las que mi marido coincide plenamente, que suavizan la vida compartida:
- Para estar bien con alguien hay que estar primero bien con uno mismo.
- Evitar tener una hipersensibilidad para el contacto diario, que hace que uno se sienta fácilmente herido, afectado, dolido por cualquier fricción o desencuentro o por tener puntos de vista y criterios distintos de los que anidan en el otro.
- Aprender a darle a las cosas que nos suceden la importancia que realmente tienen.
- Instruirse en destrezas y habilidades para la comunicación, hasta alcanzar una educación para el contacto familiar y social. Todos estamos rodeados de otras personas y hay que saber cómo moverse con soltura en ese medio. Por ejemplo: tener el don de la oportunidad; saber que todo se puede decir, pero depende de cómo se diga; disculparse con sencillez cuando se vea que es mínimamente necesario; dar las gracias cuando nos hagan algo positivo; cuidar el lenguaje no verbal (una sonrisa a tiempo, una mueca, una carantoña, etc.)
Christoph, un amigo nuestro, dice que "familia, amigos y pescado, al tercer día huelen".
Uniendo tdas estas cosas yo llego a las siguientes conclusiones:
- no está mal intentar seguir las estrategias de Rojas
- estaría mejor que todas las partes lo intentaran, pero no es posible exigir al prójimo (lease familias políticas y propias) el respeto al espacio vital de uno sin herir alguna susceptibilidad. Por tanto es imprescindible conseguir la "complicidad" de la pareja para lograrlo.
- si de visita todos somos muy majos, la máxima de Christoph de no intensificar ni alargar los tiempos de convivencia es fundamental para no facilitar los roces o para "recuperarse" del "esfuerzo" de aplicar las estrategias.
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