jueves, septiembre 14, 2006

Dulce aroma del café

Este verano hemos vivido una situación especialemente triste y desgraciada: el hijo de 9 años de mi compañera de trabajo y amiga fue atropellado y murió a las pocas horas. Como os podéis imaginar, en una situación así, el dolor debe ser tan grande que es imposible ponerse en su lugar. No tenemos palabras de consuelo y la impotencia de no poder hacer nada para ayudarle es desesperante.

Hoy ha sido el primer día que ha vuelto a trabajar y que he podido estar con ella desde el funeral del niño. Aquel día yo me propuse intentar ser lo más fuerte posible para que viera que contaba con todo nuestro apoyo. No sabía si lo conseguiría y me desazonaba al pensar que no tenía palabras ni siquiera para consolarla, ¿qué consuelo existe para una madre que ha perdido a su niño? Si cuando les duele un oido, te cambíarías por ellos o te dejarías cortar un brazo con tal de evitarles el daño.... Entre nosotras ha existido siempre una comunicación excelente, siempre hemos hablado de todo: de nuestros niños, de su educación, de valores y relaciones humanas y de fe. Cuando me vió a la salida de la misa, se me abrazó con fuerza. Yo no podía decir nada, no me salían las palabras, pero fue ella quien me dijo: "tú que tienes verdadera fe, reza por mí y por el niño". Sólo pude decirle que todos estábamos a su lado, que los teníamos presentes permanentemente, que no le faltarían nuestras oraciones y que la estaríamos esperando en el despacho. Creo que en el fondo no tengo tanta fe como ella creía y que si tuviera que pasar por una situación semejante caería en la más profunda desesperación.

Siento que lo único que podemos hacer es estar a su lado cuando se enfrente a todas las cosas cotidianas "la primera vez sin Marc".

Os envío un cuento que me pasó un amigo mío. Acordaos de ellos cuando os toméis una taza de café.

Dulce aroma del café
Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan dificiles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la ultima colocó granos de café. Las dejó hervir. Sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, colocó el café y lo puso en un tercer recipiente.
Mirando a su hija le dijo: - "Querida" ¿qué ves?"
"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: - ¿Que significa esto, padre?
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: Agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto débil, fácil de deshacer.
El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.
¿Cuál eres tu hija? Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? le preguntó a su hija.
¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.
Ojalá logres ser como el grano de café, que cuando las cosas se pongan mal , tu puedas reaccionar en forma positiva, sin dejarte vencer y hagas que las cosas a tu alrededor mejoren !!!
Que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumine tu camino y el de la gente que te rodea. Que puedas esparcir con tu fuerza, optimismo y alegría el "dulce aroma del café" con tus amigos?

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